Hay que darse una alegría

No queda otra. Los números apremian y las fechas pasan sin alegrías. Por eso la CAI necesita ganar para recuperar la sonrisa. Recibe, obligado, a la Lepra desde las 15,30 con arbitraje de Mauro Vigliano.

La Comisión de Actividades Infantiles necesita volver a creer. Y ganar, por sobre todas las cosas. El duro camino de la Primera B Nacional no admite demasiadas vueltas. Ni que se juega bonito, ni que se desoriente al rival con fórmulas tácticas o se respalde a jugadores por más jóvenes que sean. La crudeza de la realidad es tal, que hay momentos de quiebre en el que sólo mandan los resultados. Y la CAI hace tiempo que perdió la memoria y no sabe de qué se trata festejar tres puntos. Análisis al márgen, la tabla dice poco y la sumatoria obliga a relacionar al equipo chubutense con lo tanto quiere evitarse, la mala palabra de la Promoción. Viene de dos reveses en cadena y la racha debe cortarse a cualquier precio, sobre todo después del inexplicable 2-3 sufrido en la fatídica tarde ante Tiro Federal. Viejos errores, dificultades para darle destino y profundidad a la pelota; descuidos que se pagan con gol vuelven a ser un problema lo resuelto por Medero y Marini. En Tucumán, la caída parecía ser más previsible. El Santo está para otra cosa y se reforzó como para volver rápido a Primera. La CAI lo sufrió de arranque y hasta que pudo nivelar, ya estaba abajo en el resultado. Desaprovechó las pocas chances que pudo crear y extrañó a Matías Soto Torres, un jugador demasiado influyente en el equipo del medio hacia arriba. Con el “Gordo” otra vez en duda, la novedad pasaría por los regresos de Lucas Villafañez como enlace y de Luis Vidal quien volverá a ocupar su lugar en el doble cinco. Arriba, la confianza vuelve a estar depositada en Mauro Villegas, goleador sobre el que parece girar todo el andamiaje ofensivo.

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