La CAI tocó fondo. Jugó su peor partido en el peor momento. Y Platense, lo aprovechó con otro gol sobre la hora. Piñero erró un penal y para colmo, se lesionó Villegas. Medero y Marini no renuncian.Cuando las cosas no salen, no salen en serio. Como cuando aprieta el bolsillo y a fin de mes, hay que pedir un adelanto. Las situaciones no deseadas, siempre vienen con un lastre difícil de calcular. Es claro que a la suerte hay que ayudarla. Y ahí estuvo el error más grave de la CAI, que mostró en el Municipal, una de sus peores versiones. Cero juego, la cabeza en otra cosa, nervios y más nervios; ni una pizca de profundidad, demasiada presión.
El primer tiempo fue una sucesión de pelotas perdidas; de bochas maltratadas y sin dueño. El local ya no solamente mostró un pálida versión sino que ninguno de los once, zafó siquiera del regular. Mal Vidal, intermitente Soto Torres, bloqueados todos. Platense con nada, apenas un par de toques de Emiliano Romero, elaboró lo mejor de la etapa inicial. Mostraron tan poco que el primer tiempo pareció un parto de 45 minutos. El llanto claro, fue de la gente que puso el grito en el cielo por perderse la tarde en familia y encima pagar la entrada. Para colmo de males, Mauro Villegas, la única esperanza goleadora, se retiró lesionado y con una uña del pie izquierdo averiada. Y una más. El jugador más resistido, Jorge Piñero desperdició un penal discutible de Duarte a Villafañez, pateándole con aviso a Guillermo Hernando. Los insultos ya empezaban a cotizar en bolsa y el pedido de cabezas –Medero y Marini a la ídem- ya no se limitó solamente a algunos plateístas exaltados. El partido nunca levantó. Se estacionó en un pozo sin fin. Platense feliz por la escasa resistencia enfrente, se agrandó y jugó bastante más adelantado sin desalinearse. Ya el cero no se justificaba solamente porque Platense administraba el partido, sino porque la CAI seguía desconocido, con amnesia. Lo peor estaba por venir. De un tiro libre de Madrid, apareció Diego Ceballos, anticipando de cabeza y venciendo a Capogrosso para el último mazazo.
IT/Foto Walter Calderón.
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