Uno no sabe, otro no se acuerda

La CAI fue una bola de nervios, no aprovechó su momento y terminó con diez, hundido por Independiente Rivadavia, que venía peor. Hace cinco partidos que no gana y es la tercera derrota consecutiva, segunda de local.

Las ausencias siempre se hacen sentir, en menor o mayor medida. La CAI extrañó a Matías Soto Torres y Lucas Villafañez, sus fuentes juveniles de futbol y aunque llevó las riendas en el primer tiempo, se mostró inseguro a la hora de definir, superior aunque falto de convicción en los últimos metros. Independiente Rivadavia mostró porqué flota en los últimos puestos y con un DT simil Gorosito: más cerca de irse que de quedarse. No extrañó entonces que el local administrara la pelota, hiciera revolcar al arquero Giraudo. El uno estuvo atento para cortar, tapar e intuir la balacera ofensiva de los patagónicos. La CAI le dio vuelo a la pelota, quebró la línea de volantes y aprovechó los baches que dejaba sin cubrir, la defensa de la Lepra. Malcorra llegó mucho y no siempre bien, descolgó centros y otra vez, Loncón tuvo vía libre para atacar por afuera, por momentos asociado con Diego Romero. Giraudo intuyó un centro rasante de Piñero y corrigió a tiempo un rebote dado a Villegas que finalmente no prosperó. La más clara, fracasó por falta de tiza tras una pared entre Romero y Loncón que el “Pelado” remató cruzado y afuera. Si el gol no llegó fue por las fallas propias del azzurro. Piñero estuvo peleado con la pelota en el área, Villegas no tuvo muchas chances y hubo una excesiva tendencia al pelotazo, recurso extremo, en vez de apostar al juego corto, más seguro y al pie. Una incidencia no prevista puso en jaque a los de Medero y Marini. A dos minutos del descanso, Meloño salió a romper fuera de sus dominios y terminó dejando a la CAI con diez por roja directa. El damnificado, Abel Peralta, sufrió la dureza charrúa y ya no pudo seguir en el partido obligando a Quiróz a meter dos cambios forzados en el primer tiempo (antes Fileppi salió lesionado). En el complemento, el hombre menos desestabilizó al local. En defensa ya no hubo solidez, se dejó crecer inconcientemente a Independiente con la posesión y se cayó en un pozo peligroso. El rival, igual de necesitado, cargó con todo lo que tenía y se lo llevó. Otra vez, Diego Caballero, salvó las papas como en Jujuy. La CAI no liga y mientras tanto, sufre.
IT/Foto El Patagónico.

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