
Acostumbrado a los malos arbitrajes, la CAI nunca terminará de acostumbrarse. En Puerto Madryn, el impresentable juez neuquino Gustavo Corsini ya tiene vacaciones aseguradas. Un gol de tiro libre de Guevara a los 49 minutos del segundo tiempo, con un rol protagónico del árbitro significó la triste despedida de la Copa Argentina para la CAI que cayó 0-1 ante Guillermo Brown. Cuando se veía venir a los penales, la dudosa conducta de un pito parcial pudo más que cualquier voluntad. Brown, que es del Argentino A pero no demostró otra categoría, seguirá en carrera en una tarde que no pasará a la historia y que ofreció un partido no demasiado emotivo, donde casi todo pasó en el segundo tiempo. Corsini lo hizo. Y se fue insultado por los jugadores que no encontraron explicación al despojo y que terminaron resignándose a una de las tantas injusticias que tiene el futbol, como ocurrió antes y como tristemente, seguirá ocurriendo. Brown no fue superior y la CAI que llegó al Golfo en el mediodía del partido, nunca se dejó llevar. De hecho, el inepto Corsini ya habia avisado con un penal que nadie suele cobrar y que Mauro Leguiza atajó con gran intuición. El uno chaqueño, cada vez más consolidado, contuvo el remate de Godoy y repitió el acierto de hace apenas cuatro días. El local inquietó con un par de Tévez pero sin sacar de línea a un rival que manejó la pelota y expuso su juego, como una credencial. En el complemento se animaron a llegar algo más. La Banda dispuso de un par con la entrada del comodorense Ricardo Chavarri y con un cabezazo desperdiciado por Caamaño, otro ex ilustre y enfrente la CAI, pasó por distintas sensaciones: Leguiza siguió siendo una muralla, los defensores respondieron y el ingreso de Lucas Rodríguez le permitió sentirse más cómodo en los últimos minutos, ahí cuanto Prost y Villegas pudieron quedarse con todo. No daba, no hacía falta. La gente ya advertía que la llave se iba a definir desde los doce pasos pero Corsini, caradura sin límite, “metió” a Brown en el territorio azzurro. Pitó hasta las dudosas, no vaciló en inclinar la cancha y mucho menos, en darle al local el tiro libre salvador que se metió pidiendo permiso. Perderlo con otras armas, no hubiera sido tan malo. Duele más la herida y la incidencia negativa de un irresponsable que haberse quedado fuera de la Copa. Cuando lo futbolístico queda al márgen, aflora la bronca y en Madryn, donde viven las polémicas, hasta el Papa puede ser un sospechoso. Una lástima…
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